jueves, 3 de marzo de 2016

F. ENGELS, de Heinrich Hemkow
1ª edición, Pamplona, Agosto 2015
21×15 cms., 481 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 20 euros
Pedidos: maimar_1@hotmail.com
Edición original del Instituto de Marxismo Leninismo del Comite Central del partido Socialista Unificado de Alemania

El Engels tardío: crítica, revolución y el problema de la mediación (1)

Nicolas Gonzalez.

 

¿Marx y Engels son una suerte de Castor y Pollux en la novela familar del Marxismo? Después de la muerte de Marx, Engels se transformó no solo en el albacea del legado de Marx sino, involuntariamente, en el “hombre de confianza del proletariado con consciencia de clase”.[2] Como decía De Quincey a propósito de Kant, doy por sentado que toda persona instruida confesará cierto interés por la historia personal de Friedrich Engels, aunque le haya faltado afición para conocer la historia de sus opiniones filosófico-políticas. Y es que suponer a un lector del todo indiferente a Engels es suponerlo del todo inintelectual. Esta simple presunción es la que también nos obliga a escribir este breve esbozo conmemorativo de su vida y práctica después de 1883. 

 

 

    El tortuoso recorrido, entre errático y azaroso, que sufrieron a lo largo de su historia editorial los escritos de Marx sólo puede compararse con las coincidencias afortunadas, fantásticas, triviales y casi increíbles con las que pudo salvarse para la posteridad la mayor parte de la obra de Aristóteles. Al igual que Marx, sus escritos sufrieron las inclemencias de los intereses políticos y los caprichos culturales en los cambios en la forma de atención. Y, al igual que Aristóteles, los manuscritos de Marx guardan una peculiaridad muy especial: la mayor parte son apuntes, bocetos, notas y memoranda, producto de una técnica de trabajo intelectual limitada por la extrema pobreza y las constantes emigraciones políticas. Pero a Marx se le agrega una condición suplementaria: que el mismo Marxismo nació, se desarrolló, se profesionalizó en escuela (y en ideología oficial de un estado) cuando la obra de Marx no era aún accesible en su totalidad e incluso cuando importantes partes de su “corpus” estaban inéditas. El éxito del Marxismo como ideología de partido (“una Teoría que ha podido unir en un solo ejército a casi todos los socialistas de Europa y América”),[3] bandera unificadora y ortodoxia de estado ha precedido en décadas a la divulgación científica y exhaustiva de los escritos completos de sus fundadores. Engels no solo se sentía responsable casi exclusivo  de que cada partido obrero o federación socialista se adueñase de una “Teoría científica” comunista, sino también de cooptar y promover militantes con pensamiento crítico, autónomo, calificados intelectualmente, capacitados para “mediar” y aplicar creativamente la Kritik marxiana a todos los ámbitos de la sociedad. Fue al mismo tiempo en orden de prioridad asesor-consejero partidario (como bien lo identificó Lenin), conciencia teórica indiscutida y bulldog de la ortodoxia.[4]
    Repasemos en primer lugar las propias rarezas de las condiciones intelectuales de Marx. Conociendo la enorme angustia existencial de Marx, en las bellas palabras de Frossard “su itinerario está jalonado de hojas muertas, gacetas sin lectores, libros y panfletos incautados que devoran sus escasos ingresos”, y las limitaciones de su técnica de investigación, su Forschungswiese sin biblioteca personal, es asombroso el talento para vencer tantas restricciones y lograr un texto limpio, coherente y profundo. Pero este “laboratorio” artesanal de Marx al mismo tiempo hizo nacer un problema editorial de implicancias ni siquiera imaginadas por él mismo: que su producción “diurna”, sus largos períodos de estudio en el escritorio Nº 0-7 de la “Reading Room” del British Museum superaran con creces la parte esotérica y “nocturna” de su obra, como puede verse gráficamente en el biorritmo entre su vida y obra. La parte publicada era sólo la punta de un iceberg, menos de un tercio de su obra, que emergía de una masa sumergida de manuscritos inéditos, un verdadero continente compuesto con minúscula taquigrafía y que constituía un dilema editorial de primer orden. Y solo existía una persona capaz de ser el editor póstumo del Nachlass de Marx. Y esa persona era Friedrich Engels, su amigo y segundo violín. Una vasta y polémica tarea que le consumió los últimos años de su vida.
    “Es un verdadero diccionario universal, capaz de trabajar a cada hora del día o de la noche, comido o en ayunas, veloz en escribir y comprender como el mismo diablo”, decía Marx de su amigo, compañero y segundo violín. Tenemos un expediente criminal lombrosiano de la atenta Polizei de Colonia: “Nombre: Friedrich Engels. Profesión: comerciante. Lugar de nacimiento: Barmen. Religión: luterano. Estatura: 1,70 m. Cabello y cejas: rubio oscuro. Frente: normal. Ojos: grises. Nariz y boca: proporcionados. Dentadura: buena. Barba: castaña. Mentón y cara ovalados. Tez sana- Constitución: esbelta”. Engels tenía una apariencia muy cuidada, era sobrio para su propia persona, gastando en su aspecto lo indispensable. Muy raramente se acostaba temprano. La mayoría de las veces lo hacía mucho después de medianoche, se levantaba pasado el mediodía. Tras desayunar, se dedicaba a leer periódicos y revistas en casi todas las lenguas, un gran paquete que entregaba en su puerta todos los días el cartero. Luego pasaba a su nutrida correspondencia, leyendo y contestando en varios idiomas. Después del almuerzo le gustaba pasearse por las suaves colinas cercanas e inmediatamente se ponía a trabajar en serio en el Nachlass marxiano. A las siete en punto Lenchen Demuth, al antigua sirvienta de los Marx, le llamaba para cenar. Descansaba una hora y seguía con la tarea editora. En su elegante estudio de trabajo victoriano, cuyas paredes estaban cubiertas de armarios y anaqueles repletos de libros, “no se vía un solo recorte de papel en el suelo, y los libros, con excepción de unos diez o doce que momentáneamente se encontraban sobre el escritorio, estaban todos en el lugar que les correspondía” recordaba el yerno de Marx, Lafargue.[5]
   
    A la muerte de Marx, Engels se enfrentó con este gigantesco filón de manuscritos codificados en la minúscula letra característica de su amigo y con cuidado trató de salir del problema, preparando la edición de los tomos restantes de El Capital, aunque actualmente se está analizando críticamente su tratamiento editorial e incluso su tándem teórico-práctico con el mismo Marx. Una de las razones que esgrimía Engels para no trasladarse a Alemania, tal como se lo pedían desde el recién creado SPD, Partido Socialdemócrata Alemán (luego albacea de los Nachlass) era su deseo de completar el trabajo de edición de Das Kapital en Londres y reordenar el enorme fárrago de manuscritos heredados. Kautsky le escribía en 1886 a Bernstein sobre el asunto: “Si yo estuviera en lugar de Engels, no seguiría viviendo en Londres ¿Qué es lo que ofrece Londres? Nada. Casi nunca va al teatro y no visita los museos o las exposiciones. No tienen allí amigos. Casi todas las personas a quienes quería, Marx, Lafargue, Longuet y otros han muerto o se han ido a vivir a otras partes”. Engels apreciaba de Londres, según sus propias palabras, “la perfecta neutralidad que rodea a quien lleva una actividad científica”. A Bebel le hizo saber que no iría a ningún país donde existiera persecución policial o la posibilidad de verse desterrado.[6] Además, estaba en los planes de Engels hacer, con el material y la correspondencia existente, una biografía completa de Karl Marx (de la que apenas completó dos artículos sueltos)[7] y una historia social del movimiento obrero alemán entre 1843 y 1863. Pero Kautsky no se equivocaba en su juicio: “El General” estaba realmente muy solo. Y que muchos lo relacionaban con su carácter poco político, lo confirma el propio Kautsky: “…reinaba la opinión de que Marx tenía mucho más talento para tratar con los camaradas que Engels. Se cuenta que la redacción de la Neue Rheinische Zeitung trabajaba en la mayor concordia con Marx y en ocasión de un viaje a Viena, Engels le sustituyó en la redacción. Cuando regresó Marx, reinaba en el periódico una total perturbación y una actitud de viva hostilidad contra Engels. Sin embargo, Marx pronto consiguió restablecer muy pronto la concordia”. Wilhelm Liebcknecht (a quién los Marx apodaban “Biblioteca”) comentando el mismo incidente concluye en la naturaleza dictatorial de Engels, un “amante del orden” a toda costa.
    Engels casi en solitario en un Londres ya hostil social y políticamente. Fanny Kravchinskaia, narodovolcen  rusa, en sus visitas describe que “los días de la semana Engels trabajaba muy concentrado y vivía bastante retirado de todo, pero los domingos le gustaba estar rodeado de gente en su casa. Ese día su casa estaba abierta a todos… Un domingo cuando llegamos a su casa, ya había una veintena de personas en torno a la mesa: socialista, escritores, políticos. Una reunión internacional. Se hablaba en varias lenguas. En un extremo de la mesa, presidiéndola, se hallaba el ya encanecido Engels, quién me gustó a primera vista. Era el alma de la reunión. Los presentes discutían acaloradamente, gritaban, y también se volvían hacia Engels… quién contestaba solícito en alemán, inglés, francés…” Engels sin embargo prefería escribir y polemizar desde el papel, pero era un orador con pocas dotes y muy poco popular. El sastre emigrée Lessner, miembro de la legendaria Bund der Kommunisten, señala que la última aparición pública de Engels tuvo lugar en 1893, cuando habló en el Congreso de Zürich, en Viena y en Berlín, y que siempre “exponía abiertamente lo que pensaba, tanto si ello gustaba como si no”. A pesar de su edad, Engels participaba todos los 1º de mayo en las manifestaciones de los obreros de Londres, el famoso May Day rally en Hyde Park y subía siempre a la tribuna montada en la caja trasera de un camión engalanado, existe una vignette que lo representa junto a Eleanor Marx,[8] pero nunca hacía uso de la palabra, se consideraba un orador “flojo”. Kautsky también reconoce que Engels “rehuía mucho más que Marx la agitación oral y la participación en congresos”.[9] Bernstein recuerda esos días de 1884: “Marx había fallecido… y todas sus obras póstumas pasaron a manos de Engels, quién las seleccionó y ordenó con la mayor dedicación, con el fin de que el mayor material posible de su amigo pudiera ser publicado. Cuando yo llegué allí, Engels me leía noche tras noche, hasta altas horas de la madrugada, fragmentos de esos manuscritos y del esbozo de un libro, basado en extractos que Marx había tomado de la obra ‘Ancient Society’ del americano Lewis Morgan… Después de la cena, Engels descansaba un rato, para hablarme, luego, sobre los trabajos de Marx y leerme algo de sus manuscritos. Esta era nuestra forma de vida durante todos aquellos días…”. En el mismo año, Kravchinski (aka Stepniak, sobre el cual Eleanor Marx escribió dos artículos),[10] el terrorista ruso lo visitaba dándole la impresión de que “Engels es muy inteligente y endiabladamente culto ¡¡Cómo habla el francés!! Además imagínate: incluso entiende el dialecto de Milán. Hace treinta años estuvo tres meses en Milán y hasta hoy no ha olvidado aquel dialecto. Es muy inteligente”. Aveling, el poco recomendable yerno de Marx lo describía en esos días como “de una estatura de 1,85, y hasta su última enfermedad era un hombre de porte erguido, militar, que llevaba con facilidad la carga de su más de setenta años. Ese porte militar y el paso rápido y elástico guardan cierta relación con el nombre que sus íntimos le daban: el General… Engels era capaz de hablar con cada uno de sus visitantes en su lengua materna… era un admirable anfitrión. Era la hospitalidad en persona y tenía unos modales excelentes”.
    Como una especie de Theofrasto de Marx, Engels, con 62 años, se ocupó del desciframiento y edición del Nachlass, tarea herculéana, temiendo no concluir con esa misión, pues, como le confesara a Lavrov por carta: “…soy el único ser viviente que puede descifrar esa escritura y esas frases abreviadas…”.[11] La hija de Marx Eleanor, albacea testamentaria según la ley inglesa, le comentaba a su hermana Laura Lafargue que ordenar los papeles, la clasificación del Nachlass será “un trabajo horrible”.[12] Es curioso que Engels, incluso con Marx en vida, había vislumbrado su destino no-deseado de editor póstumo, ya sea por las limitaciones del propio estilo de trabajo de Marx (lento, minucioso, autocrítico ad nauseam), ya por conocer el ritmo del trabajo de su amigo. “No costará poco trabajo”, escribió al Roten Becker, “manejar los manuscritos de un hombre como Marx, cada una de cuyas palabras vale lo que pesa. Pero, para mí es un trabajo grato, ya que me siento otra vez al lado de mi viejo amigo”. Recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo —esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado…”.[13] Lo que encontró era, según el comentario sincero que le hizo a Kautsky, una criptografía propia de un jeroglífico. Charles Rappoport que lo conoció en 1896, cuenta que “a mi pregunta sobre la publicación del IIIº tomo de Das Kapital, Engels señaló un enorme volumen de manuscritos y me propuso que al menos leyera una sola línea de ellos. Pero no logré descifrar absolutamente nada, pues la escritura era completamente ilegible. ‘Ahora comprenderá’, dijo Engels, ‘cuan difícil me  resulta establecer tan sólo el texto’”.[14] Engels sistematizó su labor de editor en una pequeña cadena de producción: en primer lugar copiaba los manuscritos escritos por Marx entre 1861 y 1880; luego cotejaba las citas y comentarios, hilaba los párrafos, secciones y capítulos inconexos, seleccionando la versión más elaborada para entregarla a la imprenta, siempre con la idea del que fuera “Marx en las propias palabras de Marx”, finalmente corregía las galeras (proof) para entregarlas a la imprenta. Ayudado por un secretario copista, a quien le dictaba ocho horas por día, pudo editar en 1885 el segundo tomo de Das Kapital, siendo exclusivamente por su criterio la decisión de dividir los manuscritos inéditos de Marx en dos tomos y publicar en un cuarto la historia crítica de las doctrinas económicas. La redacción y establecimiento del tercer tomo le costó un enorme trabajo de casi diez años, debido a su complejidad y al carácter críptico que tomó el estilo de trabajo intelectual de Marx. En esta tarea lo ayudó ahora Karl Kautsky, futuro renegado, quien cuenta detalles del laborioso trabajo: “El tercer tomo de Das Kapital trata sobre una ingente cantidad de los más importantes y difíciles problemas. El material para ese tomo tuvo que reunirse con enormes esfuerzos (muchos más que en el segundo) a partir de manuscritos fragmentados, que luego habría que elaborar para convertirlos en una exposición coherente…”. El cubano Lafargue, otro yerno de Marx, relata este trabajo de Sísifo: “Está trabajando en el tercer tomo. Kautsky le está ayudando. Ya conoce Usted la letra minúscula de Marx. En sus Nachlass todavía resulta peor, dado que contiene abreviaturas que es preciso adivinar, así como tachaduras y correcciones que hay que descifrar; todo ello entraña las mismas dificultades de lectura de un palimpsesto griego con ligaduras. Kautsky es el primero que lee el manuscrito y hace una copia a Engels, que revisa y completa según los otros manuscritos. En una de sus últimas cartas, Engels me escribió que se siente satisfecho de esta forma de trabajo y que Kautsky es muy diestro descifrando el texto de Marx… Realmente es extraordinario cómo logra realizar todos los trabajos de la edición de las obras de Marx…”. Mientras los trabajos de pre-edición y editoriales de Engels al segundo tomo alcanzaron escasamente las diez páginas, en el tomo tercero tuvo que recomponer capítulos y secciones enteras. Un especialista como Maximilien Rubel nota que: “…Engels da la apariencia de obras terminadas a páginas a menudo informes y mal redactadas, materiales de un trabajo del que el propio Marx decía que era necesario completarlo y aún escribirlo… Los tomos II y III son eso: bosquejos, tanteos, a veces desesperados, materiales para los futuros ‘libros’ y nada más…”.[15] Así que Engels asumió la tarea de divulgar, concluir y presentar como sistema concluso una teoría en realidad abierta e inconclusa. Un torso, como precisó la intuitiva Rosa Luxemburg. Mucha de estas presiones por presentar un Marx científico se debieron al propio rol de Engels en la lucha y consolidación de la socialdemocracia alemana. Como afirma una discutible reciente biografía,[16] Engels tenía una visión hiperpráctica del mundo, era más pragmático que Marx, nunca fue (ni pretendió ser) un gran filósofo político; era consciente de la necesidad que la idea comunista tuviera una encarnación organizacional, una maquinaria política, por eso presionaba en vida a Marx, ya desde 1845 cuando esbozaban La Ideología alemana, para que terminara escritos con los que guiar al movimiento político. Bajo estas premisas fue que Engels “sistematizó” a marchas forzadas el Nachlass de Marx y fue una suerte de Streetfighter ideológico a la hora de demarcar la ortodoxia. Como había afirmado Viktor Adler, líder del socialismo austríaco, Engels más que teórico era el “gran tacticista” indispensable del Socialismo de la IIº internacional.
    A Bebel cuando publicó el tomo II de Das Kapital le señaló teniendo a la vista la lucha política que “cuando este tomo aparezca, también los filisteos dentro del partido volverán a recibir un rudo golpe, que les dará de pensar”. El amigo-editor empezaba a verse influido por la petit politique y la lucha de fracciones, por el surgimiento del Revisionismus dentro del propio partido. No sólo se trataba de un único enemigo: combatió el “idiotismo parlamentario” así como la tendencia izquierdista y autónoma de los llamados “Jóvenes”, además del Darwinismus y el Socialismo neokantiano. Engels ya usaba asiduamente el concepto verzerrten Marxismus, “Marxismo desfigurado”, en sus luchas ideológicas internas.[17] También con variantes externas de radicalismo psedocientífico y fantasías sociológicas, como el mutualismo neoproudhoniano, las cooperativas de producción de Lassalle, la “sociedad igualitaria” del antisemita Eugen Dühring, la sociedad fabiana o el “acertijo cósmico” del popular divulgador Haeckel. Lo peor es que muchas de estas ideas habían penetrado a la misma dirección del SPD (Liebknecht era uno de los más crédulos). Esta tarea se superpuso a la de editor o más bien, se subsumió estratégicamente una a la otra. Al mismo Rappoport, que le preguntó por la falta de base teórica o cierta incompletitud de la filosofía de Marx, Engels enfadado le respondió: “¿Qué más quiere? ¡Si ya tiene Das Kapital, Moisés y los profetas! ¡Haga el favor de estudiarlo!”. Comenzaba una larga marcha por el desierto rojo, donde las necesidades de rápida vulgarización, “exposición coherente”, simplificación popular, esquematismo y reducción a un esquema ideológico elemental marcarían el inicio de los diversos marxismos, el “segundointernacionalista”, el de la “segunda-y-media” y finalmente el leninismo. El “ismo” en Marx nació en la época de Engels como timonel, en las revistas de partido dirigidas por los futuros centristas, revisionistas y socialistas de derecha, Kautsky, Bernstein; nació en la correspondencia de Engels con Bebel; nació en la Vulgata de los textos y prólogos de Engels y de las polémicas del propio Engels con fracciones, escuelas, críticos, socialistas de cátedra, populistas e incluso con el renacimiento del Materialismo vulgar a fines del siglo XIX. Hasta tal punto que la historiografía define esta fase “paulina” con la misma fecha, la periodización coincide con los doce años en que Engels desarrolló su actividad de editor, difusor y sistematizador de un pensamiento inacabado. La urgencia de la forma de la mediación entre teoría marxista y praxis, el Umsetzungsproblem,  subsumió el trabajo crítico de edición.
    La casa de Engels en la calle Regent Park 122 en el barrio de Primrose Hill, un barrio chic, se transformó en un centro de correspondencia mundial, encuentro de revolucionarios peregrinos y mesa redonda de política, en especial los domingos, con invitados rotativos y circunstanciales. Axelrod, fundador de la socialdemocracia rusa y futuro compinche de Lenin, recuerda “por aquel entonces Engels tenía más de setenta años. La fama que le rodeaba no había disminuido en lo más mínimo su sencilla cordialidad que le distinguía desde siempre… nos servía formidablemente… había pastel de carne, ponche, y también cerveza…”. August Bebel lo recuerda en 1895 como “un hombre atractivo, amable, que se mostraba partidario del lema de Martín Lutero, según el cual el vino, al mujer y el canto son los condimentos de la vida, no olvidándose con ello la seriedad de la vida… siempre alegre y de buen humor, poseía una sombrosa memoria para toda clase de pequeñas vivencias y situaciones cómicas en su agitada vida… Engels era también un buen bebedor, que comandaba una respetable bodega y se alegraba cuando sus invitados rendían honores a sus vinos”. La menchevique Vera Zasulich, traductora de Marx al ruso, le escribe a Plejánov (el padre del Marxismo ruso) su impresión: “Banquete de gala en casa de Friedrich Engels con motivo de su cumpleaños 70º. Un pavo del tamaño de un niño de dos años y medio. Para cada plato un bouquet y una tarjeta de mesa. Fue de lo más aburrido…”. Eleanor Marx, lo describe en una vignette familiar: “tiene barba, que adopta una extraña inclinación lateral y que ahora comienza a encanecer. Su cabello, por el contrario, se mantiene castaño y sin una sola cana… Pero si el aspecto externo de Engels es joven, él todavía lo es mucho más que su aspecto…”. El socialdemócrata ruso Alexei Mikhailovich Voden, aka “Alexis Nedow”, también describe como en su primera visita en 1893 “Engels le enseñó primeramente su enorme gato… y se sonrojó cuando le pregunté por los escritos juveniles, debiendo creer que yo me refería a sus primeros ensayos como poeta… Le expliqué la necesidad de publicar lo antes posible todos los escritos de Marx… se autopreguntó: ¿debería emplear el resto de su vida en publicar viejos manuscritos del trabajo publicista de 1840 o bien debería, después de publicado el tomo III de Das Kapital, editar los manuscritos sobre la historia de las teorías de la plusvalía?... Al día siguiente regresé, me entregó una lupa y permitió que leyera un manuscrito tras otro de puño y letra de Marx: ‘Sankt Max’; una versión más extensa de Kritik der hegelschen Rechtsphilosophie, y partes de la Deutsche Ideologie... la caligrafía me hizo comprender la desesperación de sus profesores de la época de Treveris”. Hasta un político conservador prusiano, el junker Helmuth von Gerlach, en viaje de estudios a Londres en 1894, reconocía muy a su pesar que “Engels me causó una impresión imborrable. Es un profundo pensador, al que le gusta recibir en la biblioteca, y en la conversación era un alegre renano… Con motivos de triunfos del movimiento obrero, me invitó con amigos londinenses a beber un barril de cerveza… Fue una velada muy divertida, y yo, que no era socialdemócrata, no tuve en ningún momento la impresión de ser un intruso. Engels resultó ser un anfitrión de tanta naturalidad y tan formidable, que cualquier persona tenía que sentirse a gusto en su compañía”. Gerlach calificaba a Engels como el “héroe” indiscutido de la Socialdemocracia internacional.[18] En otra ocasión, Jenny, una de las hijas de Marx, le hizo una vez una confesión, y cuando le tocó el turno a su idea de qué era la felicidad, Engels no dudó: vino “Chateau Margaux” cosecha 1848.
    En los dos prólogos a ambos tomos, Engels reconoce que no fue una tarea amena preparar la publicación de los manuscritos inéditos heredados de Marx. No lo fue porque el trabajo editorial debía forzar a que el producto final pareciera una obra coherente, articulada, sistemática, con una unidad en sí misma, y sin que el lector percibiera la mano oculta de su edición. Engels resume así los manuscritos de Marx: estilo desaliñado (nachlässiger Stil), expresiones y giros familiares (familiäre Ausdrücke), terminología técnica en idioma inglés y francés que Marx no manejaba muy bien (englische und franzözische technïsche Bezeichnungen); además de páginas enteras en inglés de las ideas bajo la misma forma en que las desarrollaban los autores que glosaba en la biblioteca, partes expuestas de manera pormenorizada, otras apenas insinuadas, materiales de hechos demostrativos o ilustrativos acopiados pero sin clasificar, sin ningún tipo de elaboración, frases inconexas entre los capítulos, comentarios de corrección, análisis inconclusos y, por último: el hecho conocido que la letra de Marx no pocas veces resulta ilegible hasta para él mismo o sus hijas.[19] El tomo tercero, que inicialmente para Engels sólo ofrecía dificultades técnicas (technische Schwiergkeiten), luego se presentó como un embrollo de difícil solución: Marx sólo había delineado un primer borrador, colmado de lagunas, digresiones, puntos secundarios sin lugar definitivo e ideas in statu nascendi. Engels lo relata con sus propias palabras: “…Mi trabajo comenzó dictando, para efectuar una copia legible, todo el manuscrito a partir del original, que a menudo resultó difícil de descifrar hasta para mí mismo, y esta tarea me quitó mucho tiempo. Sólo entonces pudo comenzar la redacción propiamente dicha. La he limitado a lo más imprescindible, conservando en la medida de lo posible el carácter del primer borrador toda vez que la claridad lo permitía…cada vez que mis alteraciones o agregados no son meras correcciones estilísticas o cuando he debido elaborar el material fáctico ofrecido por Marx…Todo el pasaje ha sido colocado entre corchetes y señalado con mis iniciales…Como no podía ser de otro modo en un primer bosquejo, se hallan en el manuscrito numerosas referencia a puntos que deben desarrollarse más adelante, sin que tales promesas se hayan cumplido en todos los casos…”.[20]  Se daba por satisfecho con haber “reproducido” los escritos con la mayor literalidad posible, intercalando proposiciones explicativas y nexos únicamente en los puntos indispensables. Pero Engels se contradecía a la vista del tomo III: primero aparentemente no conocía en detalle el estado real de los manuscritos de Marx, ya que en el “Vorwort” de 1885 (tan solo dos años después de la muerte de Marx) al tomo II de Das Kapital afirmaba que la preparación para la imprenta avanza rápido, que presentaba algunas dificultades técnicas en secciones importantes y poco más.[21] Una rápida revisión del trabajo editorial de Engels nos revela una faceta no-dialéctica: al avisar al lector que se ha preocupado por facilitar la “comprensión del texto”, las premisas metodológicas marxianas. La fundamental división (que incluso llega a ser formal, formell) entre Modo de Investigación (Forschungswiese) y Modo de Exposición (Darstellungswiese), que Marx presentaba no solo en la Einleitung de 1857 sino en el prólogo a la segunda edición de Das Kapital como el “Método dialéctico”[22] que evitaba toda construcción apriorística, queda ahora desechado sin más. Para Marx la Darstellung no consistía en un ensamblaje más o menos virtuoso, más o menos hábil de los resultados finales, sino que se trataba de exponer adecuada-críticamente el Movimiento real y efectivo (wirkliche Bewegung) del Capital. El proceso fundamental de “Accesibilidad” (Zugänglichkeit) a la clase obrera de los resultados científicos de la Kritik, que Marx destaca en el “Prólogo” a la edición francesa de 1872, como la consideración que debe prevalecer sobre cualquier otra, queda sofocada. El revolucionario Untersuchungsmethode (como le denomina el mismo Marx) que jamás se había aplicado a los problemas económicos, queda diluído y degradado bajo el pistón de la lectura comprensora media. La Dialektische Darstellungsmethode, como parte de la Kritik a la Economía Política, intentaba “reflejar idealmente” (spiegelt sich… ideell wider) la vida (siempre dialéctico-materialista) del objeto. Bajo la obsesión de que el lector medio alemán entendiera el argumento de manera clara y plástica, Engels comienza a decidir en el Nachlass qué es lo importante para ese lector imaginario. No se sabe qué material de Marx se encontraba ordenado según una adición investigativa y cual estaba ya presentado según el Darstellunsmethode. Estas contradicciones internas en el legado literario de Marx (que no existen en el Nachlass) reflejan y proyectan las propias contradictorias intenciones de Engels: por un lado, deseaba mantener el espiritu original de los manuscritos de Marx, su caracter auténtico pero provisorio y abierto; por el otro, se obligaba a lograr un texto más “escolar”, legible, comprensible políticamente. El producto final, como demostró Negt, fue una tarea de “deslinde” (Grenzbestimmungen), la aplicación de un método de demarcación, de cercamiento, fijando hitos positivos en pos de diferenciarla del ecleticismo interno y de las ideologías colindantes de la época. Y como podemos adivinar ambos objetivos se repelen mutuamente.[23] El Umsetzungsproblem es reconocido por Engels en el prólogo al tomo III de 1894: el incremento del movimiento socialista europeo y el paralelo surgimiento de radicalismos populares pseudocientíficos le impusieron “nuevas obligaciones” políticas que requerían su ayuda “con mucha mayor frecuencia” que en el aspecto teórico. Los “trabajos emergentes”, los entspringeden Arbeiten tácticos se presentaban para el Engels tardío como un “deber ineludible”, que requería eficacia inmediata y que se alejaban de toda Teoría en estado puro. Como señalo en una recensión del tomo I de Das Kapital,[24] Engels temía que el libro defraudará a muchos lectores obreros. No le faltaba razón: en los cuatro primeros años  a partir de la publicación del tomo I de Das Kapital  no se vendieron más de mil ejemplares. Engels resolvió que con los tomos sucesivos e inéditos no se produciría  esta problemática de la mediación fallida entre Kritik y revolución. La propuesta retórica fue una utopía comunicativa inconsciente: retrotraer al dialéctico Marx a una forma popular expositiva científica, a la aridez de la ortodoxia más pedagógica y al método de deslinde. La dialéctica entre idealidad y materialismo sería reemplazada por la comprensión escolar de leyes positivas del movimiento. El elemento precientífico en la ideología dominante en las clases obreras, en su conciencia-en-sí, sería superado no con más sino con menos dialéctica. Si comparamos el manuscrito original del Nachlass con la edición engelsiana[25] la sorpresa puede ser mayúscula: prácticamente cada folio del escrito de Marx tiene correcciones y modificaciones de Engels! Incluso en algunos solo sobrevive de la escritura marxiana primitiva un escueto párrafo. Por ejemplo, Engels modificó toda la estructura (¿protodialéctica?) del manuscrito original, incluyendo el título (que pasó de Gestaltungen des Gesamtprozesses –La formación del proceso en su conjunto- a Der Gesamtprozess der kapitalistischen Produktion -El proceso de producción capitalista en su conjunto-), además de subtítulos, encabezados, segmentación en capítulos. Por supuesto, las controversias en torno a Engels como ejecutor testamentario del legado del Marx desconocido se emparentan directamente con la contribución general de Engels no sólo a la divulgación y establecimiento de la herencia literaria sino de su contribución al mismo Marx (ismo) como tal.[26]
    Un debate paralelo a la difusión del Marx desconocido es sin lugar a dudas la relación activista-intelectual y afectiva entre los dos “violines”. El debate viene de lejos, pero se ha actualizado debido a justamente la posibilidad fáctica que existe a partir de la edición de los sucesivos MEGA’s (Obras Completas) de constatar documentalmente las diferencias y afinidades entre los dos amigos. No se trata de hagiografía o de psicoanalizar la novela familiar, sino de profundas implicaciones que socavan el mismo estatus científico del Comunismo y su propia validez y coherencia interna como “las condiciones de emancipación del proletariado”. Dada la propia historia interna del Marxismo, el rol de Engels como albacea testamentario, editor, leyenda viva y popularizador es absolutamente crucial para una satisfactoria comprensión de lo que se entendió por Marxismo durante un siglo. Es decir en este aspecto debemos cambiar al vieja óptica, inducida por la misma autointerpretación del “El General”, y analizar en cuanto al nacimiento y difusión del Marxismus a Engels en primer plano, y a Marx en un segundo.[27] Al morir Marx surgió inmediatamente la idea de unas obras completas, dada la carencia o la dificultad para encontrar sus escritos. En un año tan temprano como 1883, la socialdemocracia rusa reunida en el Congreso de Copenhague realizó un llamado al SPD alemán para iniciar una edición popular exhaustiva.[28] Un año más tarde, abril de 1884, el propio Engels le comenta la misma necesidad a Rudolf Mayer, hablando de una “Gesamtausgabe von Marxens zerstreuten Aufsätzen”, o sea, de una edición completa de todos los ensayos dispersos de Marx. En mayo de 1885 es Hermann Schülter, responsable del diario socialdemócrata suizo Sozialdemokrat, quién le propone a Engels un plan de editar un tomo de compilación de escritos de Marx, dentro de una futura serie titulada “Sozialdemokratische Bibliothek”.[29] La noble y gigantesca tarea le estaba reservada al joven estado bolchevique. Pero esa es otra historia…
    En los doce años que le sobrevivió a Marx, Engels además de trabajar como editor y co-autor, escribió un gran número de artículos y publicó dos libros de gran importancia, tanto positiva como negativa. Uno de ellos, Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staats. Im Anschluß an Lewis H. Morgans Forschungen de 1884 (“El origen de la Familia y el Estado”), paradójicamente aprovechó la riqueza del Nachlass, se basó en los propios manuscritos y notas críticas de Marx a las investigaciones del antropólogo Morgan; el segundo fue Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie de 1886 (“Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”), una serie de artículos contra el Neokantismo y el Materialismus vulgar como un intento de renacimiento de la dialéctica de Hegel. Aquí otra vez (una más) Engels interviene autoritariamente como editor invisible sin aclarar al lector: consideraba el fragmento sobre Feuerbach como el más sustancioso de aquellas ‘viejas cosas’ de Marx. Sintomático fue que el único fragmento juvenil marxiano que el Engels tardío dio a luz de la Deutsche Ideologie fue IF,[30] que ahora sabemos fue cuidadosamente “editado” en 1888 como apéndice a la edición de su artículo “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”.[31] Y el contexto no es casual: el Engels tardío se encuentra en medio de una situación histórica inédita, que le exige nuevas tareas dentro de su trabajo ya no de difusión, sino de polémica “defensa” del legado de Marx y de forzar su “sistematización” forzosa. El Marxismus como tal depende directamente del trabajo difusor-editorial del Engels tardío  e indirectamente de los textos del propio Marx. Durante un tiempo leeremos a Marx con las gafas de Engels.
    Sin embargo Engels nunca más pudo ocuparse ni de la biografía planeada sobre Marx (algunos esbozos los utilizó en el artículo histórico sobre la historia del Bund der Kommunisten y sobre la “Neue Reinische Zeitung”), ni de una historia sobre Irlanda, ni de concluir su Dialektik der Natur (recién publicada por Riazanov en la URSS en 1925), ni de un pamphlet sobre la teoría de la violencia. Un cáncer mortal, de esófago, comienza a invadirle. Estamos a principios de marzo de 1895. No se dio cuenta de su carácter incurable, viviendo esperanzado en una pronta recuperación. Lo malcuidaba Louise Kautsky, la esposa ya divorciada de Karl, quién vivía en su casa con su nuevo marido. Era intención de Engels dedicarse al cuarto volumen de Das Kapital, las teorías de la plusvalía (que mereció otro debate internacional), Theorien vom Mehrwert, finalmente editadas por Kautsky. Además dedicarse a los escritos juveniles de Marx, la correspondencia Marx-Lasalle (luego editadas por Franz Mehring en cuatro volúmenes), una Historia de la Internacional (también aprovechada por Mehring) y a la fallida biografía de homenaje su amigo. Planes que seguían en su mente durante la primavera de 1895, pocos días antes de su muerte. La Kravchinskaia, populista rusa, lo cuidó en algunas oportunidades: “Estuve al lado de Engels cuidándolo. Él se despertó, se alegró cuando me reconoció y comenzó a mostrarme todos los sillones en los que había estado sentado Karl Marx. También cartas de Marx, sus fotografías, así como alguna caricatura. Todo ello lo hizo Engels con enorme amor… Tenía una peligrosa enfermedad: padecía cáncer de laringe. Sin embargo, hasta último momento Engels se interesaba por todos los acontecimientos y escribía mucho. Todos sabían que la muerte estaba cerca… Vi que a Engels no se le dispensaban los cuidados necesarios.” Zasulich le escribe a sus compañeros en Rusia: “Engels, el pobre, se encuentra muy enfermo: algún pertinaz tumor en la garganta. Ya hace casi dos meses que no puede dormir. No habrá nadie capaz de sustituirle y alcanzar alguna vez esa confianza general que se le concede y que él ha sabido aprovechar tan sabiamente.” Su testamento lleva la fecha de 29 de julio de 1895 y de su considerable fortuna.[32] Se dividió su patrimonio en ocho partes iguales, las hijas (y los nietos huérfanos de Jenny) de Marx fueron ampliamente favorecidas. Louise Kautsky además de un pago en metálico, recibió los muebles de la casa de Engels. August Bebel y Paul Singer recibieron dinero para pagar sus campañas electorales para ser diputados del Reichstag, además fueron nombrados herederos de la biblioteca engelsiana (¡que incluía la biblioteca personal de Marx!), los derechos de autor de sus obras y toda la correspondencia (excepto la personal). El Nachlass literario de Marx y Engels fue dividido: la parte más “familar” fue entregada a Eleanor Marx y el resto entregado a los apoderados nombrados por el SPD, August Bebel y Eduard Bernstein, aunque originariamente había pensado que una de las personas más preparadas para leer y editar el Nachlass marxiano era Karl Kautsky. ¿Qué paso para que Engels no dejara a Kautsky, futuro papa del Marxismo de la IIº Internacional, a cargo del Nachlass marxiano? En 1899 Engels le había ofrecido a Kautsky enseñarle el método para descifrar la ilegible letra de Marx, pagándole 50 £ anuales durante dos años para realizar una copia del manuscrito del IV tomo de Das Kapital (alrededor de 750 páginas in octavo); Kautsky acepta la tarea declinando cobrar por el trabajo de lograr una copia limpia para imprenta. Tarea que Kautsky finalmente no pudo cumplir, Engels reconoce que no llegó a completar ni el 20% del manuscrito. El viejo Engels había confiado en que las personas más preparadas para continuar el trabajo crítico-revolucionario de Marx serían paradójicamente el futuro revisionista oportunista Eduard Bernstein y el futuro ideólogo del reformismo burgués de la SPD Karl Kautsky. Un error de cálculo de consecuencias incalculables. Finalmente el testamento tenía un punto familar: un retrato en óleo de su padre fue envíado a su hermano Hermann. El último domingo de su vida, o sea la víspera de su muerte, el lunes 5 de agosto, Engels, que ya no podía hablar, convoca a la hija de Marx, Tussy, y le comunica escribiendo en una pizarrita, que Frederick Demuth es hijo de Karl Marx con la fiel sirvienta Helene Demuth. Engels lo había reconocido como propio para salvaguardar el delicado equilibrio de la familia de su amigo. Tussy no lo puede creer y llora aferrada a Louise Kautsky. Engels sólo ingiere alimentos líquidos, necesita ayuda para vestirse y desnudarse, así como para acicalarse. Bebel se asombra de su gran estado de ánimo, y que ayudado por su pizarra, “hace los más alegres chistes”… Falleció con total tranquilidad a las once de la noche.
    Había expresado el “resuelto deseo” de que sus restos mortales fuesen incinerados y las cenizas lanzadas al mar lo antes posible. Esta determinación era no dejar ni una posibilidad de un “culto de héroes”, ni de futuras momificaciones. El primer violín accidental del Marxismo volvía al anonimato. Sus exequias debían ser estrictamente privadas y que sólo asistieran a ella su íntimo círculo personal y familiar. Al sencillo acto celebrado ante su cuerpo, en un salón velatorio de la Necropolis Company, cerca de la estación Westminster Bridge del South Western Railway, antes de ser trasladado al crematorio de Woking sólo asistieron unas ochentas personas. Pronunció unas palabras un sobrino de Engels; luego Samuel Moore en nombre de los amigos; August Bebel en nombre del partido alemán y austríaco; el yerno de Marx Lafargue por el francés; Vera Zasulich y Stepniak por la sección rusa; Valera por los italianos, Will Thorne de parte de la Socialist League. Solamente los Aveling (Eduard y Eleonor Marx), el sastre Lessner y Bernstein acompañaron las cenizas en el tren hasta Eastbourne, su lugar en la costa preferido y, en una barca alquilada, a unas cinco millas marítimas de Beachy Head, arrojaron la urna al mar. Según las biografías soviéticas, en un lugar cerca de Istborn. Era un día muy depresivo, plomizo y lluvioso. En el diario Manchester Guardian del 7 de gosto de apareció una noticia en sus memoriales y obituarios: “Federico Engels, el amigo de toda la vida de Carl Marx (sic) y la figura más visible en el movimiento socialista internacional desde la muerte de Marx, murió el lunes por la noche en su residencia en Londres.”
    Engels falleció dejando su misión inconclusa, que él mismo calificó irónicamente como de “mera selección” entre las diferentes versiones y diferentes redacciones trabajadas por Marx, sirviéndole de base siempre la última redacción disponible cronológicamente y cotejándolas con todas las anteriores. De esta manera finalizó la primera operación editorial sobre los manuscritos de Marx, realizada por aquel que siempre se consideró el “segundo violín”. Fue durante este trabajo de edición que polémicamente se constituyó el Marxismus como Doctrina, como corpus cientificista, lo que podría dar una hipótesis plausible de hasta qué punto y en qué medida tales presiones “políticas” externas influyeron sobre el propio trabajo editorial de Engels. Y si podemos hablar de “Marx-Engels” o de “Engels-Marx”… No todo lo que Engels quería que se leyera fue realmente leído, su misma insistencia en combatir una lectura simplificada de la obra de Marx y propia indica el éxito de las interpretaciones revisionistas, mecanicistas y vulgares. Hemos leído a Marx desde la perspectiva nerviosa del viejo Engels. Quizá el mejor epitafio fue el aviso que le hizo al ruso Voden en una de sus visitas: “preferiría que los militantes, rusos o no, acabaran por una vez de ir buscando citas de Marx y Engels, y que en lugar de ello pensaran tal como Marx hubiera pensado en su lugar. Afirmó que si la palabra marxiste tenía alguna razón de existir, éste era su único sentido”.


[1] Capítulo del libro Crónicas marxianas. Sobre Marx y el Marxismo, de próxima publicación.
[2] Como le definió August Bebel, en: „Redebei der Trauerfeier am Sorge von Friedrich Engels am 10 August, 1895“, en: Adler, Viktor: Briefwechsel mit August Bebel und Karl Kautsky; hrsg. von Friedrich Adler, Wiener Volksbuchhandlung, Viena, 1954, p. 184.
[3] Engels en carta al socialdemócrata rumano Ion Nãdejde, 4, enero, 1888; en: Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Band 37, Dietz Verlag, Berlin (DDR), 1967, pp. 3-4.
[4] Como por ejemplo su rol de redactor-jefe en las sombras en el diario Sozialdemokrat o en la revista teórica de Kautsky Neue Zeit.
[5] Testimonio de Paul Lafargue: „Persönliche Erinnerungen an Friedrich Engels“, en: Mohr und General: Erinnerungen an Marx und Engels, Dietz Verlag, Berlin (DDR), 1965, p. 488.
[6] Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Dietz Verlag, Berlin, Band 47, p. 16
[7] Se tratan de: “Marx y la Neue Reinische Zeitung” (1884) y “Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas” (1885); a ello había que agregarles algunos prefacios y prólogos.
[8] Apareció en el semanario ilustrado Illustrated London News; véase: Siobhan Brown; The Rebel’s Guide to Eleanor Marx; Bookmark Publishing, London, 2015.
[9] Los testimonios de personas allegadas a Engels han sido tomados, salvo indicación contraria, de: AA.VV.: Reminiscences of Marx and Engels, Foreign Languages Publishing House, Moscow, 1957.
[10] Eleanor Marx: “Underground Russia,” Progress, August 1883, p. 106-110 and September 1883, pp. 172-176.
[11] „Terrible work“, en: carta a Lavrov, 5 de febrero de 1894, en: Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Dietz Verlag, Berlin, Band 46, p. 28
[13] Carta a Sorge, 15 de marzo de 1883.
[14] Rappoport, Charles; Une vie révolutionnaire, 1883-1940: Les mémoires de Charles Rappoport, Harvey Goldberg, Georges Haupt, Marc Lagana eds., Editions MSH, Paris, 1991, pp. 144-145. En un rizo del destino, Rappoport, más tarde uno de los fundadores del PCF y crítico del Stalinismo, colaboraría como corresponsal en el trabajo de edición de las primeras obras completas de Marx y Engels (MEGA) llevadas a cabo por David Riazanov en los 1920’s. Remitimos al lector a nuestro trabajo sobre Riazanov, supra, p.
[15] En: Marx, Karl: Ouvres. Economie, Tomo II, NRF-Gallimard, París, 1968, p. XI y s.s. Es digno de mencionar que Rubel, último sobreviviente de la generación de marxistas autónomos o libertarios, amigo de Pannekoek y Korsch, hasta su muerte (1996) y desde 1965 intentó realizar una edición crítica completa de la opera omnia de Marx, en la famosa colección “Bibliothèque de la Pléiade” en la editorial Gallimard y un léxico terminológico marxiano en colaboración con Louis Janover. De la edición planeada han aparecido: Économie I (1965), Économie II (1968), Philosophie (1982) y Politique I (1994). La muerte lo sorprendió trabajando en el segundo volumen de Politique. A modo de ejemplo, Rubel publicó todos los manuscritos escritos por Marx del tomo II de Das Kapital (nada menos que ¡seis versiones distintas!) más la versión conocida de Engels de 1885.
[16] Hunt, Tristram: The Frock-Coated Communist. The Revolutionary Life of Friedrich Engels; Penguin Books, London, 2009.
[17] Por ejemplo en „Antwort an die Redaktion der ‚Sächsischen Arbeiter-Zeitung’“, en: Der Sozialdemokrat, Nr. 37 vom 13. September 1890, ahora en: Karl Marx/ Friedrich Engels: Werke, Band 22, Dietz Verlag, Berlin (DDR), 1963, pp. 68-70.
[18] Gerlach, Hellmut Von: Erinnerungen eines Junkers. Welt am Montag, Berlin 1924, pp. 97-99.
[19] Marx, Karl: Das Kapital, Band II, Ullstein, Frankfurt, 1985, p. 7  y s.s.
[20] Marx, Karl: Das Kapital, Band III, Ullstein, Frankfurt, 1985, p. 9.
[21] Marx, Karl: Das Kapital, Band II, Ullstein, Frankfurt, 1985, p. 10.
[22] Marx, Karl: Das Kapital, Band I, Ullstein, Frankfurt, 1985, pp. 11-12.
[23] Véase: Jungnickel, Jürgen/ Vollgraf, Carl-Erich: “Marx in Marx’s Worten? Zu Engels’ Edition des Hauptmanuskripts zum dritten Buch des ‘Kapitals’.”; en: MEGA-Studien 1994/2, Dietz Verlag, Berlin, 1995, pp. 3-55. Vollgraf fue el editor del volumen 4.2 de las nueva MEGA y Jungnickel es editor en el proyecto internacional de las nueva MEGA.
[24] „Dies Buch wird manchen Leser sehr enttäuschen“. Cfr.: Friedrich Engels: „Rezension des Ersten Bandes "Das Kapital" für die "Düsseldorfer Zeitung", en: "Düsseldorfer Zeitung" Nr. 316 vom 16. November 1867; ahora en: Karl Marx/Friedrich Engels: Werke, (Karl) Dietz Verlag, Berlin. Band 16, Berlin/DDR, 1962, pp. 216-218.
[25] Véase: Jungnickel, Jürgen: “Bemerkungen zu den von Engels vorgenommenen Veränderungen am Marxschen Manuskript zum dritten Band des ‘Kapitals.”; en: Beiträge zur Marx-Engels-Forschung Neue Folge: Studien zum Werk von Marx und Engels. Argument-Verlag, Hamburg, 1991, pp. 130-138.
[26] Al debate crítico de Engels como editor, en los últimos años se sumó las controversias sobre las raíces del revisionismo. La discusión, de vieja data, fue relanzada por el famoso libro de Lucio Coletti De Rousseau a Lenin, en el capítulo: “Bernstein y el marxismo de la Segunda Internacional”, traducido al español como: Ideología y Sociedad.  A partir de los años ’80 se conformó lo que algunos comentadores irónicamente llaman “the Anti-Engels faction” (C.J. Arthur) de parte de académicos del mundo anglosajón; véase: Norman Levine: The Tragic deception: Marx contra Engels, Clio, Oxford, 1975; y Dialogue within the Dialectic; Allen & Unwin, London, 1984. Más interesante es la controversía sobre las diferentes ediciones de Das Kapital, sucesivas y en distintos idiomas, llevadas a cabo por Marx en vida y por Engels como ejecutor del legado literario. La mayoría se centra en las diferencias con la edición francesa de Roy.
[27]  En este aspecto existe una amplia bibliografía de notable importancia, en especial entre los “scholars” académicos del mundo anglo-sajón, que sin dudas se inicia con el pionero tanteo de Alvin W. Gouldner, Los dos marxismos. Se debe evitar la “Engelsphobia” de algunos comentaristas, por ejemplo la de Norman Levine, The Tragic Deception…, op. cit. y Dialogue…, op. cit., o el malentendido increíble de un texto que creó toda una “escuela”: L. Colletti, op. cit, una brillante exégesis textual que achaca el revisionismo al famoso texto de Engels de 1895. Ver: C.J. Arthur, “Value, labour and negativity”, Capital & Class 15-39 no. 73 (Spring 2001): p. 15-39; “Engels as interpreter of Marx’s economics”, en: Engels Today: A Centenary Appreciation , ed. Arthur, C.J.; Macmillan/ St. Martin's, London, 1996; T. Carver; op. cit.; y además: “’Marx-and Engels' Outlines of a critique of political economy” in History of Political Thought, Vol.IV, No. 2: 357-65, 1983; G. Claeys, “'Engels' Outline of a critique of political economy (1843) and the Origins of the Marxist critique of capitalism” en: History of Political Economy, Vol.16, No.2, 1984; J. D. Hunley, The Life and the Thought of F. Engels: A Reinterpretation, 1991; S. H. Rigby, Engels and the formation of marxism, 1992; C. Smith, “Friedrich Engels and Marx's critique of political economy”, Capital & Class 62 (Summer 1997): pp. 123-142. 
[28]  Firmada por Plejanov, Axelrod y Zasulich en marzo de 1883. Aquí los datos son del propio David Riazanov: “Vorwort zur Gesamtausgabe (MEGA)”, en: MEGA, Band 1, Frankfurt/ Main, 1927, p. IX-XXVII.
[29] Schülter (1851-1919) le escribe a Engels solicitándole ayuda y apoyo. Las obras escogidas parecerían en el proyecto de difusión “Sozialdemokratischen Bibliothek” En esos momentos el General se encontraba trabajando en los manuscritos de Das Kapital. Engels colaborará con él en el libro sobre el movimiento obrero inglés: Die Chartistenbewegung in England. Mit Anlangen: a) Rede von Jos. Rayner Stephens, gehalten am. 10 Februar 1839 (…), b) Beschlüsse der Chartisten-Konferenz vom April 1851, Sozialdemokratische Bibliothek, 16, Hottingen-Zürich, 1887. La colaboración es analizada por: R. Merkel-Melis, “Engel’s Mitarbeiter an Hermann Schülters Broschüre ‘Die Chartistenbewegung in England’”, en: MEGA-Studien, 1995/1, Dietz Verlag, Berlin, 1995, pp. 5-32. Sobre la difusion del Marxismo y la emigración alemana en Suiza, y especialmente el papel de Schülter: F. Schaaf, “Die ‘Sozialdemokratische Bibliothek’ der Schweizerischen Volksbuchhandlung in Hottingen-Zürich u. der German Cooperative Printing and Publishing Co. in London”, en: Marxismus und deutsche Arbeiterbewegung. Studien zur sozialistischen Bewegung im letzten Drittel des 19. Jahrhunderts, hrs.. von H. Bartel, H. Hesselbarth, W. Schöder, Dietz Verlag, Berlin, 1970, p.p. 431-484.
[30] Marx, Karl; “Thesen über Feuerbach”, en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 3, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1969, p. 533 y ss..
[31] Engels, Friedrich: “Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie”; en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 21, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1975, pp. 263/264; en español: Ludwig Feuerbach y el fin d ela Filosofía clásica alemana. Notas al Ludwig Feuerbach, Cuadernos de Pasado y Presente 59, Córdoba (Argentina), 1975; por eso puede hablarse hoy de dos textos sobre Feuerbach, el original de Marx y el editado en 1888 por Engels. Véase: Terrell Carver/ Daniel Blank: Marx and Engels's "German ideology" Manuscripts. Presentation and Analysis of the "Feuerbach chapter"; Palgrave Macmillan, London/ New York, 2014.
[32] Alrededor de 30.000 libras de la época, producto de inversiones inteligentes realizadas con el capital obtenido de su salida de la empresa familiar Ermen&Engels en 1869, que le permitieron vivir de manera holgada a él y a la familia Marx durante 26 años; véase: William Otto Henderson: The Life of Friedrich Engels, Volume II, Routledge, London-New York, 1976, pp. 728-729.

 

lunes, 18 de enero de 2016

LA GRAN CONSPIRACIÓN CONTRA RUSIA

Libro I REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN
- El nacimiento del poder soviético
- Contrapunto
- El espia numero uno
- Aventura siberiana
- Paz y guerra
- La guerra de intervención
- Un balance
Libro II SECRETOS DEL CORDON SANITARIO
- La cruzada Blanca
- La extraña carrera de un terrorista
- En la frontera finlandesa
- Obertura con tambores de guerra
- Millonarios y saboteadores
- Tres juicios
- El fin de una era
Libro III EL CAMINO HACIA LA TRAICIÓN
- El origen la V columna
- Traición y terror
- Asesinato en el Kremlin
- Dias de decisión
- El final del camino
- Asesinato en Mejico
Libro IV DE MUNICH A SAN FRANCISCO
- La II Guerra Mundial
- Anti-Comintern Americano
- El caso de los 16
- Las naciones unidas
- Guerra o paz

martes, 5 de enero de 2016

El ESTADO MAYOR GENERAL soviético durante la guerra. Serguéi Shtemenko


Han pasado  años desde que salió a luz primera edición del presente libro. El autor recibió multitud de cartas en las cuales los lectores, al apreciar el libro, hablaban de las impresiones que les produjeron los acontecimientos referidos en sus páginas, puntualizaban algunos de los hechos y recomendaban insistentemente continuar el relato sobre la acti­vidad del Estado Mayor General durante la guerra. Cumpliendo estas sugerencias, escribí el segundo libro de mis memorias que fue publicado en 1973 por la Editorial Voenizdat. Y ahora presento al público la segunda edición del primer libro El Estado Mayor General durante la guerra complementada y corregida partiendo de las observaciones y proposiciones de los lectores.
Es de notar que en los últimos años se ha ampliado considerablemente el círculo de los escritores de memorias. Se han publicado las memorias de nuestros famosos jefes militares G. Zhúkov, A. Vasilevski, K. Rokossovski, 1. Kónev, K. Meretskov, A. Grechko, K. Moskalenko y otros, en tas cuales se dedica una merecida atención a la labor del Gran Cuartel General y de los mandos de frentes y ejércitos. No obstante, estos interesantes trabajos, sin repetir lo escrito anteriormente, no agotan el tema de los Altos Mandos soviético.
El Cuartel General del Alto Mando Supremo y su órgano de trabajo, el Estado Mayor General, cumplían en aquellos penosos tiempos de guerra tareas de enorme importancia y responsabilidad. Mantuvieron firmes en su mano la planificación de las campañas de la guerra y la dirección de las operaciones, manejaron las reservas y siguieron atentamente el desarrollo de Los acontecimientos en los extensos territorios que eran arena de los combates. Ni un solo cambio en ningún frente o ejército se hizo sin su conocimiento. Ni un solo minuto se interrumpieron los contactos activos con las tropas. Representantes del Gran Cuartel General y del Estado Mayor General estuvieron presentes en todo momento en los sectores decisivos del ejército de operaciones, controlando el cumplimiento de las directivas y órdenes del Jefe Supremo y haciendo sus propuestas en el curso de los combates. Los resultados de la Gran Guerra Patria son una prueba convin­cente de que el Grao Cuartel General y el Estado Mayor General cumplieron con éxito sus tareas. En la confrontación de voluntades, cono­cimientos y maestría de dirección de tropas, los jefes militares soviéticos superaron a los altos mandos del cacareado Tercer Reich.
En mi libro se trata de cómo se logró y de cómo vivió y trabajó en los años de guerra el colectivo del Estado Mayor General, ante todo los generales y oficiales de la Dirección de Operaciones. Se trata en lo fun­damental precisamente del colectivo, porque solo la inteligencia y la experiencia colectivas estaban en condiciones de abarcar con la debida plenitud los fenómenos de la guerra y encontrar la resolución acertada de las dificilísimas tareas que se planteaban ante las Fuerzas Armadas. Mas, por cuanto toda colectividad es una suma de individuos — dirigentes ejecutores —, considero que no tengo derecho a silenciar el trabajo personal de quienes mantenían conmigo relaciones más estrechas en aquella época.
Quiero advenir una vez más que el titulo del libro no debe entenderse literalmente. No se trata de una descripción (y tanto menos de un estudio) detallada de todos los aspectos de la verdaderamente universal labor del Estado Mayor General. El autor ni se planteó tarea de semejante alcan­ce. Tampoco se trata de una descripción cronológica de todo el curso de la lucha armada del pueblo soviético contra la Alemania hitleriana y sus satélites, aunque la Gran Guerra Patria es la base de mis memorias.
Confío como siempre en la atención del lector — joven, o que ha pasado ya por muchas tempestades de la vida — .
Sergei Shtemenko

Mariategui y el marxismo. Jose Sotomayor Perez


Entregamos al lector un breve trabajo que  constituye una réplica a todas las publicaciones que han tratado de demostrar que, José Carlos Mariátegui, fue un marxista leninista «intransigente» y a quienes dicen que supo crear su propio marxismo. Es un trabajo de análisis crítico contrario, por lo mismo, a la apología de toda una falange de glosadores de diverso matiz que, durante mucho tiempo, han utilizado la obra del Amauta para interpretarla a su modo y muchas veces de acuerdo a sus intereses políticos coyunturales. El opúsculo tiene dos partes, en la primera ubicamos al Amauta en su época, en el contexto histórico que le tocó vivir y realizar su obra.
Los temas que se analiza en la segunda parte, sirven para presentar el verdadero pensamiento del Amauta quien tuvo su propia concepción del marxismo y creyó que podía ser enriquecido con otras corrientes del pensamiento, surgidas después de la muerte del «dialéctico de Treveris». De ahí su acercamiento a Nietzche, Bergson y Freud, pero en forma especial y definida a G. Sorel a quien llegó a considerar un maestro de Lenin. Se ha dicho que utilizó las teorías de estos pensadores para demostrar la verdad del marxismo; pero esta «tesis» resulta disparatada por los cuatro costados. Para probarlo nos hemos visto obligados a utilizar pasajes, a veces extensos, de las obras de J.C. Mariátegui.
Con Mariátegui se inicia el conocimiento y aplicación del marxismo en el Perú. Pero es un hecho incontrovertible que su conocimiento del marxismo tenía vacíos y limitaciones. Por eso pensó que podía ser enriquecido con otras doctrinas y filosofías. Esta particularidad del pensamiento del Amauta, no permite que se le considere como un «defensor intransigente del marxismo leninismo» Esto es lo que se desprende del cotejo que hacemos de los principales temas desarrollados por Mariátegui con el enfoque de los mismos a la luz del marxismo leninismo. Es cierto que tal confrontación no le favorece; sin embargo toda su obra queda en pie y no ha perdido valor ni actualidad. Es testimonio imborrable de los inicios del marxismo en el Perú.


PRESENTACION                   7
MARIATEGUI Y SU EPOCA       9
El Perú de comienzos del siglo XX               11
La Gran Revolución de Octubre               13
El Movimiento obrero y campesino               15
El Movimiento Estudiantil                18
El Pensamiento Político y Filosófico Peruano a comienzos del Siglo XX      22
La Situación Política del Perú entre los siglos XIX y XX            26
José Carlos Mariátegui: los comienzos de su actividad revolucionaria        27
Marxismo y Populismo                31
Mariátegui y el Mito                 38
La Dialéctica y el Progreso                44
Marxismo y Religión                 47
Marxismo y Psicoanálisis                53
Mariategui y Trotsky                 57
Mariátegui y la III Internacional               60
Mariátegui  ¿marxista leninista?               64
CONCLUSION                  69
NOTAS                    71

lunes, 21 de diciembre de 2015

Serguéi Shtemenko


Serguéi Shtemenko (1907-1976)
   De origen cosaco, ingresa en el Ejército Rojo después de la muerte de Lenin (1924). Solo tiene diez años cuando se produce la Revolución de Octubre y no participa, por tanto, en la guerra civil. Sin hechos de armas, su carrera militar no pasa de lo normal: a los treinta años solo tiene el nivel equivalente a comandante y manda un batallón de instrucción de tanques pesados en el Distrito Militar de Kiev. En 1938, recién casado, se encuentra a gusto en ese apacible destino, por lo que recibe con fastidio la noticia de que, a propuesta de su coronel, ha sido seleccionado para ingresar en la Academia del Estado Mayor General abierta dos años antes. Intenta por todos los medios revocar la orden, pero así es el proceso de selección establecido, y Shtemenko se ve obligado a trasladarse a Moscú. En la academia se ponen de manifiesto sus grandes cualidades para el trabajo de Estado Mayor: capacidad de análisis, mente organizada, resistencia fisica y emocional, excelente memoria, paciencia, buen carácter, aptitud para redactar a vuelapluma órdenes e informes claros y concisos. Tanto es así que, al terminar los cursos, es destinado a la Dirección de Operaciones del Estado Mayor General, del que ya no sale hasta la muerte de Stalin (1953).
El régimen de promociones de Stalin no tiene nada que ver con el de los ejércitos tradicionales, en los que, salvo ascensos por hechos extraordinarios, las carreras, hasta el empleo de coronel, se han venido rigiendo por el inamovible principio de la antigüedad. Pero una cosa es la consigna de Stalin: «Buscad y encontraréis»; y otra, bien distinta, que Stalin dé su bendición al encontrado. Un jefe descubre un nuevo valor, le lleva, con cualquier pretexto, a presencia de Stalin y le hace presentar un determinado informe. Si Stalin queda bien impresionado, la «maniobra táctica de aproximación» ha dado resultado; en caso contrario, el presentador, como mínimo, es acusado de incompetencia. De esa forma, Sháposhnikov descubre e introduce a Vasilevski, y este, en agosto de 1942, recién nombrado jefe del Estado Mayor General, hace lo mismo con Shtemenko. Stalin queda tan satisfecho que acepta la propuesta de Vasilevski de nombrar al recién llegado, que solo tiene treinta y cinco años, segundo jefe de la Dirección de Operaciones: de hecho, responsable real de la misma, ya que quienes la mandan oficialmente se suceden uno tras otro, con intervalos de semanas, hasta la llegada deAntónov. Este confirma a Shtemenko en el puesto, y ambos forman parte, con Zhúkov y Vasilevski, del formidable quinteto que encabeza Stalin para la conducción de la guerra.

   Las memorias de Serguei Shtemenko son una fuente inagotable de in formación sobre aquellos años. En sus páginas se describe el día día de los colaboradores de Stalin, sometidos a un régimen de trabajo despiadado: más de dieciséis horas diarias, siete días a la semana, dura prueba de resistencia física y mental, que pocos resisten en el Estado Mayor. Shtemenko se hace cargo formalmente de la Dirección de Operaciones al ser nombrado Antónov jefe del Estado Mayor General, puesto que él mismo ocupara después de la guerra. Cuando esta termina, Shtemenko solo tiene treinta y ocho años, y ya es, como Antónov, general de Ejército. Por negarse a criticar a Stalin,Jruschov le degrada en dos rangos. Brézhnev le devuelve sus estrellas y le nombra jefe de Estado Mayor del Pacto de Varsovia.

   En agosto de 1942 los ejércitos alemanes, venciendo la tenaz resistencia de las tropas soviéticas, avanzaban simultáneamente hacia Cáucaso y el Volga. Dos jóvenes coroneles —uno de ellos Shtemenko que estaban a cargo de ambos sectores en el Estado Mayor Gener recibieron una noche la orden de presentarse en el Kremlin con sus mapas de operaciones. Era la primera vez que iban a informar en Gran Cuartel del Mando Supremo, y estaban bastante nervios cuando entraron en el despacho de Stalin. Este paseaba con tranquilidad por la habitación.
Pueden informar primero de la situación en las proximidades de Stalingrado? —les preguntó.
   Cuando su compañero terminó, Shtemenko hizo lo mismo sobre la situación en Transcaucasia. Después de sus informes, Stalin sometió a un minucioso interrogatorio: estado de las tropas; abastecimiento de material y demás suministros a las mismas; líneas a las que se replegaban; localización y cuantía de las reservas; refuerzos posibles incluso trasladando divisiones de Asia Central y de Iran.
Resultado de imagen de shtemenko   Ambos estaban al tanto de todo en sus respectivos sectores y pasaron meritoriamente el examen. A punto de levantar la sesión, Stalin, itisfecho, sin dirigirse a nadie en concreto, dijo:
   —A estos coroneles tendrán que llevárselos cuando emprendan e1 viaje.
   ¿De qué viaje hablaba? Shtemenko y su camarada, por supuesto, no lo preguntaron, y nadie se ocupó de saciar su curiosidad. Al cabo de unos días, Bodin, entonces director de Operaciones —víctima, dos meses más tarde, de un ataque aéreo— dijo a Shtemenko:
   —Prepárese. Esta noche, a las cuatro de la madrugada, saldremos para el aeropuerto. No olvide llevar un código y traiga alguno de los oficiales que trabajan con usted.
   Poco tenía que preparar.Vivía donde trabajaba, en el Estado Mayor General, y conocía al detalle todo lo referente a su sector. A la hora prevista, salieron para el aeropuerto en el coche de Bodin. Volaron a través de Asia Central, ya que la línea directa estaba bajo control alemán; cruzaron el Caspio la noche siguiente hasta Bakú y tardaron casi veinte horas en llegar a Tifus. Durante más de un mes, Shtemenko siguió en el Cáucaso un «seminario Stalin» en toda su Intensidad: realizaba labores de organización y coordinación en las diversas unidades; participaba en la toma de decisiones; recababa noticias exhaustivas de la situación en cada momento y redactaba a diario varios informes para el Cuartel General.Y todo ello, sin abandonar sus responsabilidades en el Estado Mayor, con el que estaba en contacto permanente. Dormía menos de cuatro horas diarias; solo pudo hacerlo a pierna suelta durante el largo vuelo de regreso a Moscú.


Semanas antes de que la batalla de Stalingrado terminase con la rendición de von Paulus, el Ejército Rojo había lanzado una gran ofensiva para expulsar del Cáucaso a los alemanes, Estos, ante la amenaza  de verse rodeados, empezaron a retirarse precipitadamente, abandonando abundante material y destruyendo todo a su paso. Stalin había cogido gusto a los cercos, quizá como revancha por haberlos sufrido él mismo, con enormes pérdidas, al comienzo de la guerra; y un día, a primeros de enero de 1943, telefoneó al Estado Mayor General. «Escriba y transmita al jefe del Frente», dijo a Shtemenko, y comenzó a dictarle lentamente, midiendo con esmero sus palabras:
    El enemigo se retira del Cáucaso Norte incendiando los depósitos y volando los caminos. El Grupo Norte de Máslennikov [debe] perseguir al enemigo sin presionarle mucho. No nos conviene rechazarle frontalmente. [...] Nos favorece más retenerle y cercarle.
   
Dictó otros varios párrafos y termino, repitiendo que el objetivo era «embotellar al grupo de tropas enemigo a fin de hacerlo prisionero o aniquilarlo». Tres días después, la operación no se desarrollaba según lo previsto, y Stalin, enfurecido, dictó a Shtemenko un duro telegrama para Máslennikov:
   Usted se ha alejado de sus tropas y ha perdido el contacto con ellas. No está excluido que, con tal desorden y falta de enlace, [ ... ] sus unidades móviles puedan ser cercadas. [ ... ] Esto es inadmisible. Le ordeno restablecer el enlace [ ... ] y, regularmente, dos veces al día, informar al Estado Mayor General de cómo está la situación en su Frente. Usted responde de ello personalmente.
Stalin sabía que Shtemenko era buen amigo de Máslennikov y, cuando terminó de dictar, le preguntó secamente qué pensaba de su camarada. Shtemenko, a su vez, conocía que Stalin era comprensivo
con los jóvenes generales, en espera de que sus errores les sirvieran de lección; y le contestó, inconscientemente, con las mismas palabras que aquel empleaba para justificar su paciencia:
   —Está aprendiendo.
   Stalin soltó un gruñido y colgó. Pero, a la mañana siguiente, después de recibir de Shtemenko el primer parte de novedades, que confirmaba los riesgos de la operación, Stalin le dictó un nuevo telegrama —benévolo a su manera— dirigido al Consejo Militar del Frente:
   «Presten atención a Máslennikov, que ha perdido el contacto con sus tropas, no las dirige y nada en un mar de confusiones».
Máslennikov nunca estuvo a la altura de las expectativas: ni en el Cáucaso, donde los alemanes lograron evitar el cerco pretendido por Stalin, ni en otras operaciones posteriores.Y Stalin, que nunca olvidaba nada, reprochaba con soma a Shtemenko una y otra vez su categórica respuesta:
—Conque aprendiendo, ¿eh?

   

   Stalin solía invitar a cenar a quienes convocaba de noche en la llamada «dacha cercana», a las afueras de Moscú. Los camareros llevaban al comedor todo lo necesario y desaparecían sin pronunciar palabra. En la mesa estaban colocados los cubiertos, el pan, la bebida y algunos aperitivos. Stalin odiaba las conservas y los embutidos, que, por tanto, quedaban excluidos. Las sopas y los platos principales se hallaban en una mesa adosada a la pared. Stalin se acercaba, miraba el contenido de fuentes y soperas, se servía y llevaba su plato a la mesa. Los demás comensales hacían lo mismo sin distinción de rangos.
En la mesa, frente a Stalin, había siempre un bonito frasco de cristal lleno de un líquido incoloro. Bebía habitualmente vino seco georgiano, que él mismo se servía de una botella con la etiqueta escrita a máquina; llenaba a medias su copa y la completaba con lo contenido en aquel frasco. Shtemenko tenía gran curiosidad por conocer qué mezclaba Stalin con el vino. ¿Se trataba de un vodka especial para reforzarlo? Era dudoso porque la mezcla de vodka y vino es muy dañina, pero, como es obvio, nunca osó tocar la garrafa de Stalin.
Cierta noche Shtemenko llegó el último a la mesa por estar al teléfono. Cuando entró en el comedor, su sitio habitual estaba ocupado, y Stalin le indicó una silla libre a su lado.Y una delas  veces que el vozhd se levantó para servirse, Shtemenko no pudo resistir la tentación, echó mano del frasco y llenó una pequeña copa. ¿Cuál no sería su sorpresa al descubrir que se trataba de agua muy fría? Bien por haber visto el frasco ligeramente desplazado del lugar en que lo había dejado, bien por observar la confusion de Shtemenko, Stalin se dio cuenta de la travesura. Miró a Shtemenko como a un niño cogido en falta, hasta hacerle enrojecer, ,y le dijo con sorna al oído:
—Es muy fuerte, ¿verdad?
 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA GRAN CONSPIRACION CONTRA RUSIA

LA GRAN CONSPIRACION CONTRA RUSIA
Michael Sayers y Albert E. Kahn
2ª edición, Diciembre, 2015
370 paginas
PVP:18 euros

Jon Odriozola sobre "la gran conspiración contra rusia":

Encomiable y valiente el esfuerzo de la editorial TEMPLANDO EL ACERO reeditando La gran conspiración contra Rusia de los autores americanos Michael Sayers y Albert E. Kahn,libro que vio la luz por primera vez en 1948,tres años después de acabada la II Guerra Mundial y ya en los prolegómenos -Churchill mediante- de la Guerra Fría.
Encomiable,decimos,porque no estamos delante de la reimpresión de un "clásico" que el público reconoce igual que una buena película intemporal y ageneracional,sino,por el contrario,de una especie de "incunable" -un tesoro semioculto- que apenas pocas personas de ideas avanzadas sabían de él.Como en "Farenheit 451",se diría que lo memorizaron para transmitirlo a lo más progresista de la humanidad.
Hemos conocido -y padecido- la interminable y endémica profusión de esquemas y clichés antisoviéticos ergo anticomunistas ad nauseam y lo que te rondaré.Y también los textos que blasonan de "antiestalinistas" -algo de mucho mérito,se supone- que,en realidad,no son otra cosa que filfa antileninista. Y es que los comunistas ignoramos qué cosa sea el fenómeno que da en llamarse -por la historiografía burguesa inclinada y dada a los "ismos"- "stalinismo" (con ese líquida suena más feroz la cosa). Tal vez sea imprescindible estratificar la Historia en ismos para mejor comprenderla y estudiarla,no lo negamos,pero rechazamos como inaceptables cierto ismos prefabricados y cocinados en alquitaras y alambiques contrarrevolucionarios o que obedecen al sistema (capitalista) con fraseología seudorrevolucionaria.
Valiente,decimos,y meritorio también,en tiempos siempre difíciles para movimientos antifascistas en no importa qué coordenada y abscisa histórica bajo la explotación capitalista y que aspire a tumbarlo y no a reformarlo ni maquillarlo,esto es,a mandarlo al museo de la historia junto con la rueca.
Hay en este libro,creo yo,demasiada verdad como para que pueda ser soportada lo mismo por el enemigo,que va de suyo,que por quien se dice amigo de la clase obrera y no es otra cosa que un traidor infiltrado en sus filas,consciente o no. Este libro no les gustará ni un pelo.Y ello,repetimos,por "insoportable".Si de ellos dependiera,seguiría en el limbo.Un lugar donde la verdad no es ni revolucionaria ni contrarrevolucionaria,simplemente no es.Lo que existen son las "versiones".Y esta -ya que no han podido evitar que se publique- sería "una más",igual que el marxismo sería una "filosofía" más en el súpermercado de las ideologías donde uno elige modelos de corbatas.
Es una suerte -que debemos a esta briosa editorial- poder contar con esta gema de libro que nos desacostumbra al mal hábito de la pereza de dar por buena la versión de la ideología dominante y su historiografía predominante.Narrado,además,importa decirlo,con el mejor estilo del periodismo norteamericano -porque lo hubo y fueron vanguardia- de entreguerras con John Reed a la cabeza.Pásalo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL ESTADO MAYOR GENERAL SOVIETICO DURANTE LA GUERRA Serguei Shtemenko

EL ESTADO MAYOR GENERAL SOVIETICO DURANTE LA GUERRA
Serguei Shtemenko
1ª edición, Diciembre, 2015
464 paginas
18 euros
24×14 cms.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.


En los últimos años el interés por la II guerra mundial ha revelado una eclosión editorial especializada en asuntos militares.
Tras años de univoca información procedente de fuentes anglosajonas acompañadas de rugosas y exaltadas memorias nazis con publico fiel y de culto, poco a poco pero gota a gota se van abriendo paso los auténticos vencedores de la contienda.
En este caso, el valor del testimonio de Shtemenko había quedado relegado a las academias militares y a los historiadores profesionales por su rigurosidad y esclarecimiento técnico.
No en vano nos revela como se dirigió la Guerra desde las entrañas del máximo órgano militar, la Stavka, al frente de la cual el Vozh Stalin compartía con Shtemenko un alto nivel de actividad organizativa durante decenas de meses, casi sin dormir, en la dura batalla contra Hitler.
Shtemenko nunca oso importunar la memoria de Stalin con el cambio de aires a costa de su degradación militar que fue ordenada por Jruchov.
Sin duda un relato, el suyo, imprescindible para conocer, estudiar y disfrutar de las hazañas soviéticas en la Gran Guerra.



INDICE

Al lector 10

EN VISPERAS DE LA GUERRA 12

Un camino que yo no elegí. Mis preceptores y condiscípulos de la Academia del Estado Mayor General. Campaña liberadora en Ucrania Occidental. Mis prácticas en la Dirección de Operaciones. Me destinan al Estado Mayor General. Mayo-junio de 1941. La noche trágica. Meditaciones acerca de nuestra preparación para la guerra. Estado de las Tropas Mecanizadas. Aviación. Marina de Guerra. Preguntas, que con frecuencia no tienen respuesta.

DIAS DE AMARGURAS Y ESPERANZAS 37

El Estado Mayor General trabaja sereno. No es culpa, sino desgracia para los oficiales de operaciones. La dirección Suroeste. Primeros bombardeos aéreos de Moscú. La Dirección de Operaciones se traslada al Metropolitano. Uno de los meses más difíciles de la guerra. La aportación de Viazma y Tula en la defensa de la capital. La tradicional parada militar de Octubre. Balances del primer semestre de guerra. Mis entrevistas con B. Sháposhnikov.

TEMPESTAD EN EL SUR 60

Estabilización del frente; las perspectivas. Pronósticos fallidos. Acontecimientos en Crimea. Medida de responsabilidad. Ofensiva en las cercanías de Járkov. Apreciaciones contradictorias. Una desgracia nunca viene sola. “En la guerra más vale la habilidad que el número de combatientes”. Una orden interceptada. La dirección de Vorónezh. La situación se agrava. Un nuevo frente, el de Stalingrado.

EN VISPERAS DE LA BATALLA DE STALINGRADO 92

¿Dónde esperar el golpe principal del enemigo? Se agrava la situación en el curso medio del Don. El Jefe Supremo advierte: el peligro, en el flanco derecho del frente. A. Vasilevski entre las tropas. La orden “¡Ni un solo paso atrás!”. Los estrategas hitlerianos dividen sus fuerzas en dos. No se aprueba el proyecto de directiva sobre las causas de la derrota sufrida en el sur. Oficial del Estado Mayor General informa de la situación en Stalingrado. El Gran Cuartel General y el Estado Mayor General analizan la situación. “Hay que buscar otra solución”. Historia de la idea de la derrota del enemigo en Stalingrado. El plan de operacion.

EL PUNTO DE VIRAJE 119

Amenaza al Cáucaso. Mi primer informe en el Gran Cuartel General. Comisión de servicio a Transcaucasia. Cerrar a cal y canto los puertos en la montaña. Un baluarte en el litoral del mar Negro. Detenido el enemigo. Indicios de ofensiva en el Cáucaso del Norte. La atención del Alto Mando se centra en el grupo de tropas del mar Negro. ¿No convendría crear un ejército de caballería? El plan “Montañas” y el plan “Mar”. La plaza de armas de Tamáñ. Dos desembarcos cerca de Novorossiisk. El mariscal G. Zhúkov en el Kubán. La quiebra de la Línea azul.

SEGUNDO INVIERNO DE GUERRA 156

Desastre del 2 Ejército alemán. La operación “Estrella”. Preocupaciones por las reservas. Cálculos y errores. Cambios en la dirección estratégica central. Final del saliente Rzhev-Viazma. Formación del sector norte del Arco de Kursk. Nuevas complicaciones en el Frente de vorónezh. Formación del sector sur del Arco de Kursk. Balances de la campaña invernal 1943



DEL ESTADO MAYOR GENERAL 174

De los “apresuramientos” al trabajo sistemático. A. Vasilevski y A. Antónov. Mis compañeros de servicio. El núcleo de trabajo de la Dirección de Operaciones. El ciclo cotidiano de trabajo. Informe matinal al Jefe Supremo. El informe vespertino. Desplazamientos nocturnos al Gran Cuartel General. El Cuerpo de oficiales del Estado Mayor General. Acerca de quienes encabezaban los EE.MM. de los frentes.

ANTE LA BATALLA DE KURSK 205

¿Dónde y cómo resolver los objetivos principales de la campaña de verano: defenderse o atacar? Propuesta de G. Zhúkov. Opinión del mando del Frente Central. Plan nexible de N. Vatutin. Decisión del Gran Cuartel General del 12 de abril de 1943. El Frente de reservas estratégicas. Plan “Kutúzov”. Se esboza un plan de contraofensiva. Operaciones aéreas. Tres avisos a las tropas. El enemigo emprende la

DESDE KURSK HASTA KIEV 227

La “Ciudadela” se derrumba. Dificultades en el sector de Oriol. Final del nudo de Mtsensk. El 3 Ejército de tanques de la Guardia maniobra. Hitler dialoga con el general Warlimont. ¿Cercar o no al enemigo? El plan “Caudillo Rumiántsev”. Peligro en las proximidades de Ajtirka. Stalin a Vatutin: “Le ruego no desperdigar las tropas ni dejarse seducir...”. La variante de Bukrín. Nuestro error. El Jefe Supremo cambia su decisión. Kiev liberado.



VIAJE A TEHERAN 247

Nueva misión. Del tren al avión. En la capital de Irán. Adiciones al plan “Overlord”. Roosevelt apoya a Stalin. Nuestros compromisos ante los aliados. Churchill y su mapa de Yugoslavia. Contrastes de Teherán. Se planea la campaña para la primera mitad del año 1944. De la ofensiva por todo el frente al sistema de golpes sucesivos.

EN CRIMEA 260

Idea y variantes de la operación. Propuesta de A. Vasilevski. Decisión definitiva. Acompaño a K. Voroshílov al Ejército del Litoral. La cabeza de puente de Kerch. Conversaciones con los marinos, protocolo con diez firmas y la reacción que provocó en Stalin. Los reptadores. Intrepidez de las fuerzas de desembarco. Sustitución inesperada del Comandante del Ejército. Informo en el Gran Cuartel General, Regreso de nuevo a Crimea

“BAGRATION” 288

Balances de la ofensiva del invierno de 1943 y pronósticos para el futuro. Se divide el Frente Oeste. I. Cherniajovskí e I. Petrov. Camuflaje operativo. G. Zhúkov coordina las acciones de los Frentes 1 y 2 de Bielorrusia. A. Vasilevski en los Frentes 3 de Bielorrusia y 1 del Báltico. La artillería y los tanques en la operación de Bielorrusia. Ataques aéreos. Peculiaridades de la dirección de las tropas. El fin corona la obra.

EN LOS FRENTES DEL BALTICO 322

Regreso a Moscú. Una mirada al pasado. Nuevos proyectos. El problema de “los padres y los hijos”: acompaño al mariscal S. Timoshenko. En la tierra de Pushkin. Informe desafortunado de Meretskov. En vísperas de operaciones decisivas. Desde las riberas del Narva. Góvorov. La lucha por Shiauliai y el ataque a Bagramián. El acorralamiento de Curlandia.



LA ÚLTIMA CAMPAÑA 359
El Año Nuevo en la quinta de Kúntsevo. Distracción de las fuerzas del enemigo hacia Prusia Oriental y hacia el sur. Se nombra a Zhúkov Comandante del 1 Frente de Bielorrusia. Stalin asume la coordinación de acciones de cuatro frentes. ¿Fue o no posible la ofensiva ininterrumpida sobre Berlín? Cómo Churchill excitaba el apetito a los norteamericanos. Reunión en el Gran Cuartel General el 1 de abril de 1943. La capitulación

DESASTRE DEL EJÉRCITO DEL KUANGTUNG 387

El Primer ministro inglés visita a nuestro Jefe Supremo. Concentración de tropas en las fronteras del Extremo Oriente. El Ejército del Kuangtung, sus fuerzas y disposición. ¿Será posible la sorpresa? Rodión Malinovski es llamado al Gran Cuartel General. La Conferencia de Potsdam y sus ecos. El secreto se filtra fuera del E.M.G. Sonó la hora. Atrevidas acciones de los desembarcos aéreos. La capitulación de Alemania.

A LOS VENCEDORES Y HEROES 425

El Partido y el pueblo glorifican a quienes se lo merecieron. Acerca de las primeras condecoraciones y de las primeras unidades de la Guardia. Primera orden de felicitación. Las salvas de saludo en Moscú, su historia y continuación de las tradiciones. El Desfile de la Victoria. Recepción en el Gran Palacio del Kremlin. Un recuerdo a los jefes militares.



lunes, 23 de noviembre de 2015

Relatos de Ciencia Ficción Soviética

RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN SOVIÉTICA
VARIOS AUTORES
Prólogo de Jacques Bergier
Biografias breves de todos los autores.
1ª edición, Pamplona, 2015
24×14 cms., 525 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 20 euros
Cuento de año nuevo. Vladimir dudincev
La maquina CE, modelo numero 1. Anatoly Dneprov
El gulú celeste. Victor Saparin
Los cangrejos caminan sobre la isla. Anatoly Dneprov
El experimento olvidado. Arkadij& Boris  Strugatski
El capitan de la astronave POLUS. Valentina Zuravleva
El despertar del profesor  Bern. Vladimir Savchenko
Naves de estrellas. Ivan Ëfremov
Las seis cerrillas. Arkadij& Boris  Strugatski
Mister Risus. Alexander Beliaev
La esfera de fuego. Vladimir Nemcov
El blanco cono de Alaid.  Arkadij& Boris  Strugatski
Las botas magicas. Victor Saparin
La infra del Dragon. Georgij Gurevich
La escala del tiempo. Alexander & Serguei Abramov
La gravedad ha desaparecido. Alexander Beliaev
Olgoi Jorjoi. Ivan Efremov
5 cucharadas de elixir. Arkadij& Boris  Strugatski


viernes, 20 de noviembre de 2015

Disponible NOTAS DE LA CARCEL. Erich Honecker

a disponible:
NOTAS DE LA CARCEL

Erich Honecker
78  págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP:6 euros
Pedidos: maimar_1@hotmail.com

TLF y Wasap: 667538705

El que fuera jefe de Estado de la RDA dejó escritas unas reflexiones antes de morir en el exilio. Escribe sobre las causas del derrumbe del socialismo, y en particular, sobre su país: la República Democrática de Alemania. Asimismo trata de desmontar las mentiras del imperialismo y establecer conclusiones desde la autocrítica.

Un documento de valor incalculable. Hasta la fecha, ha estado inédito en castellano. 


domingo, 15 de noviembre de 2015

Ya disponible, Temas de Formación marxista leninista


21×14 cms., 312 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
TEMAS DE FORMACION MARXISTA LENINISTA
autor: vv.aa
PVP: 16 euros

Temas de formación marxista-leninista fue publicado por vez primera por la editorial Contracanto en 1989. Había sido elaborado unos años antes por un grupo de prisioneros del PCE(r);  su objetivo era dotar de las nociones básicas del marxismo a los militantes comunistas y a otros revolucionarios y, a la vez, fomentar en ellos la necesidad de seguir estudiándolo. Lenin decía que no “se puede ser comunista sin haber asimilado los conocimientos acumulados por la humanidad” y que “el marxismo es un ejemplo de cómo el comunismo ha resultado de la suma de conocimientos adquiridos por la humanidad”. La gran aceptación y difusión que esta obra ha tenido entre los trabajadores, especialmente entre los más jóvenes,  indican la necesidad de reeditarla de nuevo. Ahora bien, debemos tener en cuenta que en los temas de formación  que componen este libro, sus autores, además de realizar una exposición general de la teoría marxista, interpretan y aplican esa teoría a la historia de nuestro país. Han transcurrido más de treinta años desde que estos temas fueran escritos, por lo que alguno de ellos requeriría ser actualizado, ya que el conocimiento no es algo innato, se adquiere  y se enriquece en un proceso que dura toda la vida. Sin embargo, a la hora de introducir los cambios precisados nos hemos encontrado con un problema. Temas de formación marxista-leninista es una obra colectiva, por lo que resulta imposible dirigirnos a sus autores para solicitarles que introduzcan esos cambios. Algunos de ellos siguen estando encarcelados, otros, como José Mª Sánchez Casas  o José Ortín Martínez  han fallecido. Por esta razón, hemos optado, con el visto bueno de su autor, por introducir únicamente un anexo al capítulo XIV, titulado Principios fundamentales de filosofía marxista, anexo extraído del libro de M.P.M (Arenas) Tesis sobre la crisis del comunismo; además de aconsejar a los lectores de esta obra el estudio de libros como el que acabamos de citar o el de Aproximación a la Historia del PCE, ambos publicados por la editorial Templando el acero. Agosto, 2015
 
 
INDICE
Prólogo a la segunda edición   ...................................................    3
 Presentación   ...........................................................................     5
 I         La sociedad primitiva   .....................................................  7
II       El esclavismo   .................................................................    13
III     La ciencia, la filosofía y la religión en la antigüedad 
IV     El feudalismo   ..................................................................   31
V       Formación y desarrollo del feudalismo en España   ......     39
VI     La filosofía y la ciencia en la Edad Media  y en la época de las revoluciones burguesas   .............     49
VII   El surgimiento del modo de producción capitalista  y el triunfo de la revolución burguesa   .......................     61
VIII  Origen del capitalismo en España   ..............................     69
IX      Siglo XIX: la filosofía clásica alemana,  el marxismo y la crisis de la filosofía burguesa   ........     75
X        Socialismo utópico, socialismo científico   .................     83
XI      Orígenes y desarrollo de la economía política   ...........     9
XII    España siglo XIX: La revolución burguesa inacabada....   111
XIII  La I Internacional   ........................................................     119
XIV Principios fundamentales de filosofía marxista   ...........     127
XV     La II Internacional   ......................................................    171
XVI   El imperialismo, fase superior del capitalismo   ..........     179
XVII  El leninismo   ...............................................................     187
XVIII  La Internacional Comunista   .....................................     197
XIX   El período de transición  del capitalismo al comunismo   205
XX     La II República y la Guerra Nacional  Revolucionaria en España   ..........................................     219
XXI  El desarrollo del capitalismo  monopolista en España   ..247
XXII Breve esbozo de la historia del PCE(r)   ....................     259
XXIII  Sobre la línea general del PCE(r)   ...........................    271
XXIV  La economía política burguesa     de la época del imperialismo   .........................   285
XXV  Características principales de   la crisis económica capitalista actual   .................    293
XXVI  La ciencia actual y el materialismo dialéctico   ...... ............................................    299